«La gran muralla del miedo», por Daniel Capó
En el año 213 a. C., el primer emperador de China, Qin Shi Huang, ordenó la quema de los libros que desafiaban la autoridad establecida, y los eruditos confucianos fueron enterrados vivos. Al mismo tiempo, el emperador movilizó a miles de súbditos para conectar los distintos fragmentos de lo que sería la Gran Muralla. Pero esta, destinada a perpetuar el imperio, se convirtió en ruinas, mientras que las palabras de la sabiduría ancestral fueron transmitidas en secreto durante generaciones, hasta hoy.
Al hilo de esta anécdota, Daniel Capó, ensayista y editor, reflexiona en un artículo sobre el valor de la gran cultura y la tensión entre poder y libertad.